Por Pedro Guerrero, @Peter_IGN

Pasear por las calles siempre tiene su nosequé especial, sobre todo si uno sabe adónde ir o qué mirar. Y los tiempos cambian, también para esto. Lo que antes era perderse en la maravilla del change-exchange-wechsel-valuta, ahora vendría a ser hacer colección de nombres exóticos de locutorios o bazares.

Sin embargo, a veces lo mejor de una calle es la calle misma. O mejor dicho, su nombre. ¿Cuántas veces hemos pensado a ver a quién iba dedicada una calle? ¿quién sería el misterioso señor Craywinkel o cómo de bravo sería Juan Bravo? Y aun más allá, preguntémonos qué legado de calles con nombres extraños dejaremos a los barceloneses del futuro. ¿Sabrán ellos quiénes fueron Cruyff, Mariscal o Copito de Nieve? Esperad, que viene lo mejor: ¿qué nombre le pondrías TÚ, lector o lectora, a una nueva calle?

Pues sabed que esta última oportunidad existió y fue de veras. Con la ampliación de la vieja ciudad, era tradición que aquel que vendiese sus terrenos al ayuntamiento pudiese nombrar las calles que por sus antiguas tierras pasasen. Algunas son fáciles, como el señor Valentí Iglésias que se puso la calle a sí mismo, o como la calle Caballero, en honor a la mujer del dueño del lugar, el señor Mercader (el del piolet no, otro). Ya puestos, hasta barrios enteros, como Galvany.

Cosa que nos lleva a la calle Eterna Memòria, pues tal fue el deseo de una desolada viuda heredera, y a otras mucho más curiosas, como la tríada de Tigre, León y Paloma, los tres perros guardianes de la masía que allí había.

Luego está el capricho de los urbanizadores, esos señores de chistera y monóculo que se reúnen alrededor de un mapa y deciden que la plaza del Centre estará en medio de Les Corts. Quizá eran primos de los que pusieron la calle del Centre en el Guinardó por el mismo motivo, o sea, en el centro de algo que no está cerca del centro de la ciudad. Hablando del Guinardó, bien merece una mención la calle Oblit, que por su desdicha de estar al borde del plano quedó sin nombre y la broma perduró hasta hacerse oficial. Queda muy romántico, porque segle XX i Renaixença quedan ahí al lado.

Para romántica, la calle Petons, donde la tradición dice que ahí se despedían los reos camino de la horca u otra fatalidad en la Ciudadela; o la calle Tantarantana, por el redoble de tambor antes del paso del pregonero oficial, eterno portador de malas nuevas.

No quisiéramos acabar esta sarta de curiosidades sin aquellos lugares cuyo nombre poco importa, pues ya fueron los vecinos quienes los bautizaron a su antojo. A fin de cuentas, si calles como Mosques, Curt o Carretes deben su nombre al influjo popular o a tremendas obviedades, quién sabe cómo acabarán el resto algún día. Véase plaza del Hipercor (plaza Tolerància)

Por ejemplo, si seguimos la calle Enamorats, que es un poco retorcida y se parte al cruzar Aragó (metáfora de algo, pero que me aspen si sé de qué), llegamos a la plaza de la Oca, donde hay una estatua de una oca pero ninguna placa que indique que aquello es una plaza siquiera.

Mi favorita, sin duda, la plaza de las Ratas, aunque el mapa se empeña en llamarla Assamblea de Catalunya. Había allí un edificio que al ser derribado provocó tal estampida de roedores que ya daba igual qué nombre escogiese la autoridad pertinente.

Algunas de estas actualizaciones populares serían además muy eficaces: Els Tres Tombs es infinitamente más cómodo que “la confluencia de Manso, Sant Antoni, Sant Pau y Urgell”, mientras que plaza Cinc d’Oros es mucho más alegre y menos controvertida que Juan Carlos I (además, posiblemente la única persona viva del planeta que tiene una calle en Barcelona)

No podíamos acabar de otra forma que no fuera con la celebérrima plaza del Tripi, oficialmente George Orwell. Pero cerca de ese lugar, quizá haya cosas más divertidas, como desviar la vista a la calle Carabassa, que nada tiene que ver con Halloween, pues antaño ese era el nombre para jarrero, el que hace jarras.

O mejor aún, sentarse a dejar volar la imaginación y pensar qué harán los pobres vecinos de la impronunciable calle Hartzenbusch, en Sants.