Olivero es Güeno con G, así lo dice su nombre, sin correcciones y remarcándolo en su rótulo. Un letrero que se divisa desde el otro barrio, el de Sant Ildefons  de Cornellà.

Llegar hasta Olivero Güeno es como subir al balcón del Baix Llobregat. Entre quinto y tapa se contemplan los polígonos industriales. Fábricas y talleres a los que muchos clientes de este bar tendrán que acudir cuando llegue el lunes por la mañana, pero hoy es sábado y desde aquí la calma está controlada.

Más allá de los polígonos, se divisan campos de cultivo que resisten a la invasión industrial. Huertas que acompañan el curso del Llobregat, parecen colocadas como peones sobre un tablero de ajedrez, formando una hilera con ánimo de proteger al río que les sustenta.

Paco, su dueño, es natural de Badajoz, un bellotero que llegó a formar parte del séquito de trabajadores de esas fábricas, las que hoy en día, quedan por debajo de su bar. Vino de la legión y aterrizó en Hospitalet, aquí empezó como carpintero hasta que montó el bar, hace 37 años.

Olivero Güeno es puro folclore, el bar reúne rincones que hablan mucho de la experiencia legionaria de su dueño, un llavero por aquí, una estampita por allá, un tricornio… Aquí hay que entrar relajad@ en ideales y dejarse llevar por el sentido del humor!

Quintos a 1,30€ con tapa de cortesía: alitas con su vinagre, morros sin glutamato monosódico y mollejas con su guindilla. El picante de las mollejas varía según el humor que ese día gaste Paco, hay días que las mollejas pican que rabian! Aquí no ha llegado la Barcelona snob, será por esta razón que aún se mantiene la costumbre de tapa-quinto.

La despedida al bar, se acaba con un trago a ese  extraño brebaje que guarda Paco en una botella de Soberano, antes de marchar se brinda por la clientela habitual! y que dure!

Esperemos que con esta publicación le salga un comprador al bar, pues Paco ya quiere descansar y se lo merece. Aviso a compradores potenciales y de parte de Paco: “Cualquiera que lo sepa llevar bien pero chinos no!”


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