El Pepeta’s Bar o Ca la Pepeta lleva el nombre de la tieta de Manel y Jordi, quien llevaba las riendas del negocio antes de que sus sobrinos le siguieran los pasos. Ella vivió el tiempo en el que las bodegas surtían de hielo al barrio a falta de neveras, trajinaban con conservas y vino a granel, y servían de locutorio  para el vecindario.

Qué más da la hora a la que te dejes caer por aquí porque siempre encontrarás la comida ideal; los desayunos son contundentes, las anchoas y las bravas empiezan a desfilar a la hora de un vermut bien macerado. En la cocina de Ca la Pepeta se pelan patatas —las congeladas forman parte de una dimensión desconocida—, ya sea como guarnición o en tortilla son un placer para el paladar. Si la visita es para tomar el café, te lo servirán de la manera más autóctona posible: en vaso de vidrio y que permita ver la escala de matices que van del blanco de su espuma al negro del poso.

Calle Saragossa, 86

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