Entre pasajes de la Biblia y obispos ilustres, nos hemos topado con esta vidriera. Ésta es una de tantas rarezas que guardan las iglesias! Aunque por extraño que parezca, no nos debería resultar.

Sabemos que, parte de  la financiación en la construcción de templos religiosos, corría a cargo de grandes mecenas. Si hoy día, las grandes fortunas siguieran apostando por el fervor eclesiástico, yo me imagino una vidriera entera sponsorizada: un oso de la Tous, una botella de Codorniu i el niño de La Caixa echando monedas en una hucha.
Todos estos gráficos substituyendo a nombres como Manel Girona, Evarist Arnús o Eusebi Güell, los mecenas de del S.XIX.

Cambian los agentes —antes nobles, reyes y grandes mecenas y hoy instituciones, comisarios y expertos—, pero las estrategias y los resultados son muy parecidos. Allí donde pusieron un escudo, hoy habría un logotipo

El motivo por el que este escudo del Barça se encuentre en una de las iglesias más veneradas de Barcelona, se debe a la restauración que sufrió en la década de los 60. Durante la Guerra Civil, éste templo estuvo humeando día tras día y las vidrieras originales acabaron estallando.
Una vez puesto en marcha el proceso de restauración, se contó con el patrocinio de un gran número de entidades y gremios. El Barça donó 100.000 pesetas

Pere Cánovas Aparicio fue el responsable de la restauración de las vidrieras. Apúnten bien su nombre porque es autor de más de 5.000 metros cuadrados de vidrieras repartidas por el mundo! Porque es de los pocos maestros del vitral que aún prevalecen y porque no es venido de tan lejos, es vecino de Sant Adrià del Besós!